UM POETA DE LA PLÁSTICA |
| Luís Soares es un poeta de la plástica. Podría
agregarse más: Luís Soares es un auténtico artista de
la poesía iconográfica. Su música de trazos, su orquestación
de signos, su empleo sabio del pigmento, su eufemismo peculiar y dulce, su
inquietante equilibrio y, sobre todo, su infernal cromatismo expresionista,
le sitúan privilegiadamente en ese ámbito feliz de la genialidad
sincrética. Decía Paul Klee: La leyenda de mi infantilismo,
en materia de dibujo, viene probablemente de mis composiciones lineales, no
usando otro elemento que el rasgo.
El dibujo de Luís Soares, por encima de acuerdos representativos, de cualesquiera imperativos gestálticos, parece obedecer a un impulso del rasgo, aposentado en los principios primitivos del arte, en la infancia del alma. Las apariencias de la realidad, la imagen de los seres, importa mucho menos que la locura lírica desde la cual las contemplamos. Cualquier niño, en el desván de sus juguetes, es un dominador de geometrías curvas, de trazos episódicos, de aventuras rásgicas. El niño toma el lápiz como quien cambia el mundo. No lo sabe. Es hermoso que los dementes v los; niños, en el rosa compromiso iniciático, flor y carne de los sucesos inocentes, enseñen tanto a los artistas. Lo que les diferen-cia del Arte es que ellos participan en una forma del inicio de las fuerzas creadoras; mientras que los artistas, tan sólo los artistas, toman de la Naturaleza esa energía creadora para desarrollar un nuevo universo formal. No es verdad que el Arte reproduzca lo que está visible. Realmente sucede que el artista produce el concepto visible. Luís Soares se afana en el placer de descubrir la imagen, el rostro rápido y el gesto de la fluyente humanidad liberta, de la casualidad vegetativa, del desarrollo rápido, del tiempo. Luís Soares ostenta el privilegio del desorden, del aparente y racional desorden. Su vorágine lírica nos lleva hacia otra medida de las cosas, otra fotografía de los rostros. Enraizado en los más puros fervores interiores, su forma dibujística, íntimamente constreñida a un punto, irradia abiertamente aquella euforia blanca de su honda orientación perpleja. Maravillado por la vida, explota en trazos. Su línea de dibujo, la que confiere al cuadro cosmos, sentido y movimiento, explota en un paisaje luminoso, reunión de soles y de sombras, en la vorágine sencilla de aquella ordenación simple, doméstica, que nuestro artista impone al mundo. Su desván infantil, rememorado ilustremente en las instancias creadoras, retoma el pulso de las incitacio-nes progresivas. Desde un terreno alógico, revienta en mundo explicativo, en desórde-nes mágicos, en rasgos vivos y escurridos. Explica eu arte haciéndolo. Es en este pun-to donde quisiéramos ligar su trazo a las ejecutorias postmodernas. Luís Soares, inventando el mundo, dibujos, lienzos, esculturas, cumple al mismo tiempo su obligación de definirlo. Mas no nos engañemos. Todo esto no es más que una música. O una insinuación de la existencia. Frente al desorden de lo vivo, y en esto Luís Soares es francamente postmoderno, no hay más solución que acunarse en la duda, que musicalizar la incertidumbre. Hay está su estatuaria, sagazmente inconclusa, desperdigando las ruinas del más reciente Giacometi: líneas de fuerza reducidas a su rigor más íntimo, adelgazada imagen en discordia, del límite. Una pura excrecencia de la línea. Luís Soares, como antes dijeron Paul Klee y Wassily Kandinskv, dice hoy la ecuación de lo estático hacia lo cinético. La utilización total del valor interior de la expresión, el desorden movido hacia la imagen; la sombra espesa, móvil, hacía la eter-nidad de los apuntes. Todo eso, y demás argumentos que ya sobran , nos hacen meditar que el desorden de Occidente está posado; que los elementos del dibujo siguen en franca crisis. Que la música sigue, con colores. Que la línea amenaza con matar, no a Gruber o a Lorjou, sino a todos aquellos que nunca amaron el desorden. Luís Soares tiene ahora en sus manos, desde algún punto de pista, la absolución o la condena.
(1936-2004) De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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